Nos llamó Magí a las 6 de la madrugada.
-Ya nos podemos ir, chicos.-nos dijo.
-¡Por fin! Aunque se está agustito aquí, eh.-dijo Álvaro bromeando.
-Calla, anda. Ven, que te ayudo a vestirte.-le dije.
-Puedo yo solo, pero si me quieres ayudar no te voy a decir que no.-me dijo con ojitos.
-Tonto, pues te la pones tu.-le dije.
Se cambiaron los cuatro y Magí nos llevó a la casa, esa casa donde había ocurrido todo.
-¿Nos tenemos que quedar aquí?-le pregunté.
-Sólo es un día y ya no va a pasar nada, están en la cárcel esos delincuentes.-me aclaró Magí.
-No va a pasar nada, tonta. Ahora solo hay que disfrutar de este día que nos queda.-me dijo Álvaro.
-No quiero que se acabe esto...-le dije.
Los chicos y Magí se fueron, dejándonos solos a Álvaro y a mi.
-Yo tampoco, mi niña. Pero tiene que ser así.
-Te voy a echar muchísimo de menos...
-Y yo, fea. Te amo.
-Yo más.
Nos fuimos a cambiar y estuvimos en la piscina, esta vez Magí se unió, ya que era el último día. Pasamos la mañana allí y después los chicos se pusieron a hacer una barbacoa, no tenían mucha experiencia, pero lo pasamos genial.
-Mmmm, estaba buenísimo.-dijo Carlos.
-Es que a ti te gusta todo, niño.-le dijo Natalia bromeando.
-Boba.-le respondió él, dándole un beso.
-Ahora que estamos todos, yo quería decir que... Os quiero mucho, hermanos.-dijo David emocionándose.
-¿Nosotras también somos tus hermanas?-preguntó Carla.
-Claro, todos y cada uno de vosotros. Siempre os voy a recordar y sé que nos vamos a ver muchas veces más todos juntos.-dijo David conteniendo las lágrimas.
-Te quiero...-le dijo Laura, dándole un abrazo.
-Yo quería decir que, aunque hayan pasado varias cosas y varias peleas, que también os quiero mucho y que espero que esta no sea nuestra última comida. María, lo siento por todo. ¿Hermanos?-me dijo ofreciéndome su mano.
-Hermanos.-le respondí, dándole la mano.
-Yo quería decir que, por favor, Magí, organiza algo de esto pronto, que yo no voy a aguantar sin ver a María todos los días.-dijo Álvaro.
-Que bobo, seguro que me olvidarás y todo.-le dije bromeando.
-Eso nunca, enana.-me dijo, besándome.
-Yo quería decir que, aunque haya sido la última en llegar, ya me siento como de la familia. Os quiero.-dijo Aina.
-Yo no digo nada, por que ya lo habéis dicho todo.-dijo Blas riéndose.
-¡Vamos a disfrutar más de la piscina!-saltó Carlos.
-¡Vamos!-dijimos todos a la vez.
Nos tiramos al agua y pasamos el resto del día allí, hasta que llegó la tarde-noche, que pensamos en hacer algo especial.
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